Rémora

Y en cada traspiés

una caída de la que levantarse

un error que enmendar

una lección que aprender.

Una piedra que marcar

para no volver a caer.

En ella, con ella.

Una calada de oxígeno, para.

Un suspiro se escapa

un pensamiento se traba

las palabras vuelan.

Asustadas.

Misceláneo

El cielo de Madrid se siente más pesado y opaco, cuando camino por sus calles sin ti. Y aunque permanece a mi lado, aún estando ausente, este rato obligo ha sido un reclamo de la realidad, previo a continuar con el cuento. Una voz disfrazada de paréntesis, un recordatorio o toma de Tierra.

Nada es inmortal, tampoco infinito; y cuando antes estabas, después te vas. Tu minúscula ausencia me ha hecho meditar que toda ganancia es susceptible de ser pérdida, la cual, sólo te provoca revisar los errores cometidos. Y que las mayores fortunas, siempre, vienen de saber arriesgar, depositando, mucha confianza en alguien. Posiblemente, durante toda la vida. 

Y posiblemente, bajo todas estas premisas financieras, me he sorprendido con el alma suspirando por esa ausencia que, en estos momentos, tiene a su lado. Cerciorándose de lo inmensamente afortunada que es por tenerle a diario.

Cruzando la Castellana

Si me sonríes así, me cuelgo

de tu barbilla con un mordisco.

Levitando a ras de las aceras.

·

Y se me arrancan los besos

recorriéndote el cuello

todos con brío, apresurados

por lograr entrar

en el cielo de tu boca.

Lo simple

Os diré algo. Al final, el hombre de tu vida no es ese que te llena y colma de elocuentes regalos y grandes odas o cantos hacia tu persona; al principio, es un tímido y nervioso chaval que luego decide aparecer en tu portal, -a dos días de cumplirse dos meses desde que decidió arriesgarse-, cerca de las once de la noche, con una bellísima sonrisa, una caja de uno de tus dulces preferidos, una bolsita de frutos secos y dos notitas de puño y letra expresando lo que, entre nosotros, solemos mirarnos al oído. Con la sencilla intención de darte toda la fuerza concentrada en un ratito para continuar con tu último gran esfuerzo universitario, a cambio de unos cuantos besos y unas pocas caricias. Al final, el hombre de tu vida no será quién realice saltos mortales en triple tirabuzón por ti; sino quien de poco haga mucho y de sus detalles, nazcan todo.